Ciudades encantadas.
Filed Under (La cosecha de Samhein) by jacotrina on 29-05-2009
Es de sobra conocida mi predilección por los lugares mágicos, eso es algo evidente para todo aquel que me lea o me conozca. Mundos fantásticos, casas hechizadas, realidades ocultas y, cómo no, ciudades encantadas… Son terrenos tan evocadores que los utilizo una y otra vez en mis historias, no puedo remediarlo. Y también están entre mis lecturas predilectas, por supuesto. Recuerdo con especial cariño el libro Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino; en él Marco Polo conversa con Kublai Kan y le habla de un sinfín de ciudades visitadas (o no) a lo largo de sus viajes, todas ellas ciudades inexistentes, al menos a este lado de la realidad. Las descripciones de las mismas son breves, pocas veces llegan más allá de una página, pero Calvino no necesita más para crear magia con las palabras. Me he permitido la osadía/libertad de abrir mi novela con una cita de ese libro. Es la que sigue:
“Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y temores, aunque el hilo de su discurrir sea secreto, sus normas absurdas, sus perspectivas engañosas, y cada cosa esconda otra.”
Tengo una anécdota con ciudad encantada incluida.
Hace un tiempo dejé de escribir; fue allá por los noventa, cuando comencé la carrera. Durante cuatro años no escribí absolutamente nada, lo abandoné por completo. Hasta que de nuevo me picó el gusanillo e intenté regresar al mundo de la literatura; fue entonces cuando descubrí que era incapaz de escribir. Simplemente ya no sabía cómo hacerlo, lo había olvidado. No encontraba palabras, había perdido lo que fuera que me enlazara con ellas.
Pocas veces me he sentido tan frustrado. Durante un tiempo luché contra ese bloqueo, pero el insigne síndrome de la hoja en blanco me perseguía, daba igual el tiempo que pasara ante la pantalla o con un bolígrafo en la mano. Las palabras no acudían. Nada de nada.
Hasta que de pronto, una tarde, mientras iba por la calle me asaltó una frase. Fue algo rápido, repentino. No recuerdo qué estaba pensando, pero las palabras me saltaron encima. No creo que sean remarcables por su calidad, pero sí fueron importantes para mí en el sentido de que esa puerta, que había estado cerrada durante tanto tiempo, volvía a abrirse. La frase era la siguiente, ya os advierto que no es nada del otro mundo:
“Bajo un cielo inconcluso, apuñalado de estrellas, sueña esta noche la ciudad de Soberbia.”
Era un cuento sobre una ciudad encantada, por supuesto. Y después de escribirlo todo fue más fácil, como si detrás de aquella historia estuvieran escondidas todas las demás.


Vaya!
Ya lo dicen que la imaginacion viene cuando menos te la esperas…^^
Sí, es bastante caprichosa. Y ésa también es parte de su gracia.