La Luna Roja.

Filed Under (La cosecha de Samhein) by jacotrina on 26-08-2009

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EDITO: Aviso para navegantes, los comentarios de esta entrada contienen spoilers. Adéntrate en ellos sólo si has leído la novela.

“El tiempo de la cosecha ya ha pasado. Ahora llega la hora de la criba, la hora de separar el grano de la paja. Y de eso se encargará Rocavarancolia. Sólo aquellos que sean dignos de servir al reino sobrevivirán. El resto verá cómo sus huesos se pelan al sol en esta ciudad arruinada. En treinta años nadie ha merecido ser digno del alto honor de servir a Rocavarancolia. En treinta años nadie ha vivido lo suficiente como para ver la Luna Roja…”

Esa es parte del discurso con que dama Desgarro, custodia del Panteón Real y comandante de los ejércitos del reino de Rocavarancolia, recibe a los doce muchachos arrancados de la Tierra por Denéstor Tul. No es la primera mención que se hace a la Luna Roja en la novela, pero sí es la primera vez en la que los protagonistas de la historia son conscientes de su existencia. La Luna Roja, desde ese momento y hasta el final de la trilogía, se convertirá en uno de los ejes centrales de la misma. Saben que algo terrible ocurrirá en la ciudad cuando salga, aunque desconocen qué. En la fachada del torreón donde el grupo busca refugio se puede ver un extraño reloj con lo que suponen que es la cuenta atrás que mide el tiempo que falta para que la Luna Roja haga su aparición.

Suelo preguntar a la gente que se ha leído el primer libro qué piensa que sucede cuando sale la Luna Roja. He tenido respuestas de lo más variopintas, aunque por ahora sólo dos personas me han dado la contestación correcta.

Un amigo me comentó que era una pregunta tramposa porque en la primera parte de la trilogía no doy ni una sola pista sobre lo que va a ocurrir con la Luna Roja. Y aunque no se lo dije en ese momento, la verdad es que se equivoca. En La cosecha de Samhein cuento lo que va a suceder cuando salga la luna, es cierto que no lo cuento de forma directa, pero creedme: lo hago.

Buscadlo si queréis, os aseguro que está ahí. Pero no os preocupéis si no podéis encontrarlo: en la segunda parte se revelará el misterio.

Tormenta

Filed Under (Biblioteca) by jacotrina on 21-08-2009

tormentaHoy toca cuento otra vez, uno de mis relatos más especiales en esta ocasión: el primero que publiqué. Apareció en la antología Visiones Propias, seleccionada por Julián Díez y editada por la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción. Salió en 1992 aunque el cuento ya llevaba un par de años escrito. Lo escribí cuando tenía diecisiete o dieciocho años, no recuerdo bien. Ha tenido tres ediciones más en papel desde entonces: en el recopilatorio Mala Racha que recoge dos de mis novelas cortas además de ese cuento, en Antología 10. Relatos de ciencia ficción española publicada por Minotauro y en la revista mexicana Blanco Móvil. También está disponible para ser leído online en la página Humo y Espejos, una loable iniciativa por parte de Rodolfo Martínez por ofrecer una nutrida selección de relatos de autores patrios. Podéis encontrar el cuento en la siguiente dirección:

http://www.humoyespejos.com/2009/04/27/tormenta/http://www.humoyespejos.com/2009/04/27/tormenta/

Esos son los datos objetivos, lo importante, lo realmente importante es que Tormenta fue mi primer cuento publicado con todo lo que ello significa. Todavía recuerdo lo que sentí cuando abrí el sobre en el que me habían mandado mi ejemplar y lo tuve al fin en mis manos. Fue un súbito arrebato de realidad, por llamarlo de algún modo, sentí que algo había cambiado, que, de alguna manera, me había puesto en marcha. Ver mis palabras impresas en papel fue un sueño cumplido.

Durante la pasada Semana Negra, un conocido, escritor también, me comentó a raíz de su subida a la página de Rodolfo Martínez que el cuento, aunque en su tiempo le gustó mucho, ahora no le terminaba de convencer, según él había envejecido mal. A pesar del cariño que tengo a este relato no puedo asegurar que no se equivoque. Lo escribí hace casi veinte años con lo que eso implica. Quizá debería haberme aprovechado de estos veinte años de experiencia para reescribir la historia otra vez, para contarla con todo lo que he aprendido en este tiempo. Puede que algún día lo haga, puede que elija los cuentos que más han significado para mí y les lave la cara, pero por el momento prefiero no hacerlo. Lo que tenéis aquí es el relato tal y como lo escribió un chaval de diecisiete o dieciocho años que soñaba con ser escritor. Mi primer cuento publicado. No es muy largo. Espero que os guste.

Podéis descargarlo aquí:

Tormenta[Descargar]


El libro en la web.

Filed Under (La cosecha de Samhein) by jacotrina on 13-08-2009

La cosecha de Samhein sigue dejando su rastro por internet. En el último mes han sido varios portales, blogs y foros los que se han hecho eco del libro. Aquí os dejo unos cuantos.

Una entrevista en dos partes en Lecturalia

Parte1

Parte 2

Menciones a mis novelas en un artículo sobre las sagas de la literatura juvenil en Babelia.

Larga vida a las historias sin fin

Una reseña ciertamente positiva:

Lothlórien

Una de un lector empedernido muy entusiasta:

lectorjuvenilempedernido

O comentarios sobre mi libro en el foro de la simpar Laura Gallego

http://lauragallego.com/phpBB2/viewtopic.php?t=36959

Y, cómo no, sigue abierto el grupo sobre el libro en Facebook, para quien quiera entrar, dejar su opinión sobre la novela o preguntar lo que le apetezca:

http://www.facebook.com/group.php?gid=79516298320

Cómo empezó todo

Filed Under (Delirios) by jacotrina on 07-08-2009

olivetti-lettera

Se podría decir que mi vocación de escritor nació con un cinexín, un cinexín estropeado de hecho. Yo tendría once o doce años. Era el regalo de reyes que me iban a hacer mis padres, sólo que no pudieron contenerse y decidieron que el niño tenía que verlo en funcionamiento la noche antes. Para los que no lo sepan, un cinexín es un proyector de cine que pones en funcionamiento accionando una manivela. En aquel tiempo teníamos una habitación vacía en casa y allí lo prepararon todo. Pero la cosa no funcionó cómo esperaban. El juguete estaba roto. Recuerdo que la película que se proyectaba contra la pared blanca era de Sandokán, pero algo no iba cómo debía y la culpa era del proyector. Así que tocó ir a devolverlo. Y por una vez tuve la oportunidad de escoger el regalo que quería para reyes. Y no me costó decidirme mucho. En cuanto la vi supe que la quería: era una caja de airgam boys del espacio. Venía con dos aguerridos soldados espaciales, una enfermera y un maravilloso robot que disparaba botones por el pecho. Era el juguete ideal.

Jugué con ellos durante meses. Vivían las más insólitas aventuras en las dantescas cuevas entre los sofás, en la tupida y enmarañada selva de la alfombra o en las insondables profundidades  que se ocultaban bajo las camas. Cualquier lugar era bueno para jugar. No eran aventuras independientes, no, por aquel entonces ya me había ganado el maldito “continuará” y las jornadas de juegos se convertían en episodios de una ambiciosa a la par que emocionante Space Opera.

Hasta el día en que, en un estúpido accidente en el parque junto a mi casa, me caí de un árbol y me rompí una pierna y un brazo. Y entonces el escenario de las aventuras de mis héroes espaciales se vio reducido a los exiguos límites de mi cama. Y no, no era lo mismo. Pero tenía las hojas de un cuaderno y un lápiz y decidí trasplantar allí las peripecias de mis airgam boys. Y así escribí mi primera novela. Infecta como ella sola, un cúmulo de despropósitos uno tras de otro y, para más inri, ilustrada por mí mismo de una forma que solo se puede calificar como espantosa. El argumento de la misma era bastante irrisorio: un ejército de malvados hombrecillos del espacio, capitaneados por su aun más malvado cabecilla se dedicaba a destruir uno por uno todos los planetas del sistema solar mientras un intrépido grupo de guerreros espaciales, trasuntos de mis juguetes, intentaba hacerles frente.

Pero así fue cómo comencé. Luego llegó la olivetti lettera 40 y una sucesión de novelas que no terminaban nunca que trataban los temas más variados: vampiros que vivían en una ciudad sumergida, un cementerio donde habitaba una criatura con la capacidad de dar forma a los miedos de la gente, una escuadrilla de pilotos de biplanos que velaban por la seguridad mundial y, cómo no, la secuela de esa abominable y dantesca primera novela.

A veces me pregunto qué hubiera sucedido si ese cinexín hubiera funcionado…

Informe de progresos.

Filed Under (La cosecha de Samhein) by jacotrina on 03-08-2009

cosecha

EDITO: Aviso para navegantes, los comentarios de esta entrada contienen spoilers. Adéntrate en ellos sólo si has leído la novela.

La semana pasada terminé al fin la corrección de la segunda parte de la trilogía. Sigue sin título pero ando devanándome los sesos para ver si doy con el correcto. Algo me dice que tardaré en encontrarlo. La novela, como ya comenté en el informe de progresos anterior, es bastante más larga que la primera parte. La cosecha de Samhein ocupa alrededor de las cien mil palabras, mientras que la continuación está cerca de las ciento setenta mil, al menos de momento, todavía falta una última corrección seria por mi parte y soy dado a podar la historia todo lo posible. De momento tiene diecinueve capítulos aunque eso también puede variar.

Además, como no podía ser de otro modo, la acción abarca mucho más espacio de tiempo que en el primer libro. La cosecha relataba lo sucedido en Rocavarancolia durante la primera semana de estancia de los muchachos, en esta ocasión seremos testigos de sus aventuras y desventuras a lo largo de varios meses. Les veremos explorar la ciudad en ruinas y enfrentarse a la oscuridad que la puebla y, como muchos os imaginaréis, no todos saldrán bien parados; Rocavarancolia es un lugar mortal y lo va a demostrar de nuevo en la segunda parte. En ella se desvelarán también muchos de los misterios planteados en la primera ¿para qué los han llevado a Rocavarancolia? ¿Qué quieren de ellos? ¿Qué sucede cuando sale la Luna Roja? Todo eso lo sabremos en la próxima entrega. En concreto en el capítulo diez.

Y ahora toca retomar la tercera parte y hacerla avanzar, poco a poco, hacia el final.