Inspiraciones y sueños.
Filed Under (Delirios, La casa de la Colina Negra) by jacotrina on 04-10-2009

“¿De dónde vienen tus ideas?”
Ésa es una de las preguntas que más veces me han repetido a lo largo de mis años como escritor. A decir verdad las fuentes son múltiples, cualquier cosa puede inspirar una historia: desde un vistazo por la ventana hasta una frase oída en un bar. Hay distintas clases de inspiraciones, algunas son simples postes señalizadores que te indican qué camino seguir y otras son auténticas revelaciones de las que pueden surgir nuevas historias o hacer que la que se está escribiendo en ese momento cobre una dimensión o una orientación completamente nueva. De todas formas, como creo haber dicho en alguna entrada anterior, la inspiración es una parte muy pequeña en el conjunto del trabajo del escritor, al menos lo es en mi caso. Pero es muy bien recibida cuando llega.
Hoy os voy a hablar de un sueño del que nació La casa de la Colina Negra
Es una historia antigua a decir verdad, una historia que ya he contado en más de una ocasión. De hecho el texto que viene a continuación lo escribí en otro blog, hace bastante tiempo. Pero me apetece compartirlo con vosotros. Aquí lo tenéis.
El sueño iba de una casa encantada. Yo vivía en ella y estaba llena de las más extrañas criaturas. Era un sueño sombrío, aunque de una tenebrosidad divertida. Por ejemplo, atorado en la chimenea estaba el esqueleto del genuino Papa Noel, con trineo y renos incluidos. En la piscina había un tiburón que se zampaba todo lo que se metía en ella. También había una especie de criatura informe que daba tumbos por los pasillos. Había telarañas por todas partes, un sinfín de habitaciones que cambiaban de forma y de lugar cada poco tiempo. Y un hombre lobo que siempre estaba hambriento…
Aparte de esa sensación de maravilla con la que desperté y de la fauna que poblaba el lugar, sólo tengo el recuerdo de una escena delirante en la que un par de policías me interrogaban, a la puerta de la casa, sobre el descuartizamiento de un lugareño. Yo respondía a sus preguntas con toda seriedad, inmutable, sin abrir del todo la puerta porque justo tras ella estaba el ya mencionado licántropo, que intentaba por todos los medios posibles esquivar mis puñetazos y patadas para saltar sobre los policías. Por lo visto se había quedado con hambre.
Y ese, a grandes rasgos, fue el sueño del que surgió La casa de la Colina Negra.

