Las editoriales que tienen en catálogo libros de texto suelen contar con una red de comerciales que cubren todo el país. Entre una cantidad considerable de tareas, estos comerciales son quienes se dedican a visitar los distintos centros educativos con el fin de que sean sus libros y no otros los que utilicen los profesores para impartir sus clases y que, por tanto, sean esos los que adquieran los alumnos. Como podéis comprender es una actividad muy importante para la editorial, sólo tenéis que pensar en el volumen de libros que se mueve al año en los centros. También entran dentro de sus competencias la recomendación de posibles lecturas para alumnos, y dentro de ellas, el de los encuentros con autores.
La delegación de Santillana en Murcia y Almería ha sido la que se ha encargado de mí estos días. Y gracias a ellos he podido visitar varios institutos. Han sido los siguientes:
IES Ing. De la Cierva Murcia
IES Alcántara Alcantarilla Murcia
Coop. Severo Ochoa Murcia
IES Mariano Baquero Murcia
IES Ros Giner Lorca
IES Puebla de Vicar. Puebla de Vicar. Almería.
IES Villa de Vicar. Puebla de Vicar. Almería.
José Antonio, Sergio, Pedro y Marina han sido los comerciales que me han llevado y traído de centro en centro, a las órdenes todos de Pepe Almécija, Jefe regional de Santillana en la zona, y, como digo, se han portado genial conmigo. Ha sido un placer conocerlos y ver cómo trabajan.
Y vamos ya con los centros. Las charlas han durado alrededor de cuarenta minutos y, más o menos, todas han seguido el mismo guión: explico cómo comencé a escribir y hablo de mi trayectoria como escritor, luego entro con el proceso creativo: el modo en que escribo novelas, aplicado en este caso a “La casa de la Colina Negra” y al “El Ciclo de la Luna Roja”, y, por último, hablo un poco más en profundidad de “La casa de la Colina Negra”, contando curiosidades y entresijos varios de la historia. Entre los dos últimos bloques dejo espacio para que los alumnos me hagan sus preguntas. Algunos centros han sido muy participativos, en otros ha costado más hacerles arrancar, pero es natural, recuerdo los tiempos en que yo era alumno y lo mucho que me costaba a mí participar en este tipo de eventos. Pero ha habido preguntas, claro, algunas muy curiosas. Querían saber cómo continuaba la historia, quién se enamoraba de quién, dónde se encuentra la casa de la Colina Negra, a quién espera el fantasma de la escalera… Y también me han preguntado por mi equipo de fútbol…
Todos los alumnos se han portado, sin excepción, genial. He charlado con grupos que iban de los ciento y pico a los cincuenta y no ha habido ningún problema con ellos. De hecho, en uno de esos colegios, tras la charla, me fui con dos profesoras y un nutrido grupo de alumnos a un bar cercano y allí nos tomamos unos refrescos mientras charlábamos. Toda una experiencia.
El único punto negativo es el poco tiempo del que he dispuesto para visitar las ciudades por las que pasaba. Me hubiera gustado pasear más por Murcia, pero en los dos días escasos que he estado allí sólo pude acercarme a ver la catedral. O por ejemplo, mi visita relámpago a Lorca, que me dejó con ganas de acercarme a su castillo o de ver un poquito más en profundidad la ciudad. De Almería poco he visto, aunque aproveché el viaje en coche para ver el famoso “desierto” de Almería o el increíble mar de invernaderos que cubre buena parte de su geografía.
Visitar centros es un ajetreo constante, pero a pesar del cansancio, merece la pena. En uno de los colegios coincidí con otro escritor, Francisco Díaz Valladares. Me comentó que él se pasa meses visitando colegios, desde noviembre hasta mayo vive en un continuo no parar. Yo no sé si podría aguantar ese ritmo, pero lo que tengo claro es que me gustaría que este visitar de centros se convirtiera en costumbre.