La cara oculta de la luna

Filed Under (La cara oculta de la luna) by jacotrina on 01-07-2010

Con esta entrada inauguro una nueva etiqueta en el blog; se llamará “La cara oculta de la luna” y en ella os hablaré algo más en profundidad de la historia y de sus personajes. Esta sección estará especialmente dirigida a los que ya hayan leído los dos libros. Si tú no lo has hecho te recomiendo que no sigas adelante aunque, por supuesto, eres libre de hacerlo si se te antoja.

Allá vamos:

Dando vueltas al comienzo.

Me costó mucho decidirme a incluir el prólogo que aparece en la última versión de la novela, ese capítulo corto que lleva como título “Vórtice”. Al final se quedó, en la balanza pesó más lo importante que era que la primera frase de la obra se refiriera a la ciudad, a la gran protagonista, para qué vamos a engañarnos, de la historia.

Pero durante mucho tiempo, la historia comenzó de otra forma. Arrancaba con el siguiente capítulo que aparece en el libro, con “Samhein”. Me parecía fantástico que la puerta de entrada para el lector fuera el primer párrafo de ese capítulo. Por si acaso no tenéis el libro a mano aquí os lo pego:

Era la víspera de Todos los Santos, la última noche de octubre, y una inmensa luna llena flotaba pálida y alta en el cielo. Pasaba la medianoche y el silencio se iba imponiendo a lo que había sido una noche de continuo escándalo. La mayoría de los niños estaban ya de regreso en sus hogares, pero aún se podía ver a algunos rezagados caminando por las calles nevadas, disfrazados de magos, vampiros y trasgos. Las arañas y esqueletos que adornaban las fachadas de las casas se mecían al viento, que todavía arrastraba consigo algún copo de nieve. En las ventanas espiaban las calabazas con sus sonrisas retorcidas y sus macabros ojos abiertos de par en par.

¿Un párrafo inocente? No tanto.

En ese primer párrafo desvelo, aunque sea de forma sutil, una de las piezas claves de la novela: lo que les va a ocurrir a los chavales cuando salga la Luna Roja. De forma sutil, ya os digo, tampoco era plan de anunciarlo a bombo y platillo. Pero ahí está: es Halloween, la última noche de octubre, una noche mágica, y ahí tenemos una luna llena flotando en los cielos y a un puñado de niños transformados en vampiros, magos y trasgos. ¿Os resulta familiar? Exactamente eso es lo que va a suceder con los cosechados de Denéstor cuando salga la Luna Roja: los va a transformar en monstruos; en monstruos muy similares a los que los han llevado a Rocavarancolia y que, a su vez, hace mucho tiempo, no fueron más que niños.

Con el prólogo perdí ese punto de entrada, es cierto, pero de todas formas me seguía funcionando en la nueva ubicación porque, en el fondo, es ahí donde arranca la historia.

De forma tangencial ese primer párrafo también explica la nacionalidad del protagonista: la costumbre de disfrazarse en Halloween y pedir caramelos por las casas es propia de la cultura anglosajona y de haber elegido un país que no perteneciera a esa esfera la situación hubiera parecido poco natural, forzada. Y a mí no me importaba demasiado la nacionalidad de los protagonistas dado que los iba a arrancar de su entorno a las primeras de cambio. Por eso Hector es norteamericano. Y por eso su nombre no lleva acento.

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